11 mayo 2021

Cansancio y sobreexposición

"Ponte en mi lugar no me juzgues sin conocerme, sin detenerte a pensar que me hace salir a gritar…" Canción de Batambora* Cartagena, Colombia.

La sobrexposición a la información sobre la situación actual del país nos consume en una profunda tristeza, zozobra, malestar físico y emocional. Las imágenes crudas sin editar de la violencia y la destrucción, los sonidos de disparos, gritos desesperados, sirenas e insultos de odio con sangre en los ojos, increíblemente, nos está volviendo cada vez más violentos y digo increíblemente, porque ya éramos un país muy violento.

Las redes sociales son espacios de construcción colectiva de opiniones, criterios y gustos comunes; por supuesto que, en un contexto como el que vivimos, reforzamos nuestros mensajes y creencias, creamos tribunas de razón en donde vemos héroes y villanos: términos de una guerra; como si no estuviéramos cansados de vivirla por más de 70 años. 

Mi mensaje no es a darle la espalda a la realidad de una lucha que, aunque justa, por momentos ha sido desbordada, infiltrada, desequilibrada, dejando saldos lamentables, deudos y daños irreparables a familias de unos y otros. Mi mensaje está orientado a calcular el tono, algunos lo llamarán ser tibio, pero el peso de cada palabra es gasolina para lo que ya está prendido sin control.

Los invito a buscar los mecanismos propios para contribuir a que estos logros sociales se traduzcan en beneficios colectivos y no se queden en blasfemias y ataques a sectores políticos que no les importa lo que usted o yo podamos pensar sobre ellos, a menos que estén próximos a debatirse en las urnas. Estos ataques, así sean ciertos y los merezcan, son atemporales; esta ridiculización del poder y denigración de quienes lo componen ya no es un mecanismo de protesta efectivo y nos rebaja a un nivel de discusión paupérrimo.   

La primera medida que podemos tomar: es darnos un espacio al día; respirar, oír una buena canción esa que les encanta y hace mucho no ponen a sonar, pintar así no lo sepamos hacer, llamar a un familiar y hablar de cualquier cosa que en sus cuadernos tengan atrasada, despejar por un momento la mente de la violencia que invade el país. Hasta el mercenario más entrenado lo hace, imagínense el daño que nos causamos si vivimos en función de consumir todo lo que nos llega de información.

Segundo: informarnos, pero informarnos bien. Evitemos caer en cadenas destructivas de odio, las redes son ahora los medios más creíbles, pero también hay información falsa e interpretaciones tendenciosas de ambos lados que no nos permiten ver con claridad algunas situaciones creando más caos del que ya existe.  

Tercero: apoyemos el diálogo; así no lo queramos y parezca una tarea obtusa, tenemos que hablar con el gobierno actual, así cada respuesta que nos envíen esté más alejada de la realidad y sea provocadora y ofensiva, no caigamos en ese juego; no tenemos con quien más hacerlo y llevamos ventaja en este punto, por inteligencia y argumentos.

Adicionalmente, los ojos de la comunidad internacional están sobre las propuestas y los avances que puedan producir en este diálogo que legitima aún más la protesta social, le da esa fuerza indispensable para balancear en su justa medida el peso negativo que carga por el vandalismo y los estragos que han dejado la irracionalidad, la ira y el hambre.

No perdamos el rumbo de la construcción de paz, la reconciliación con el otro, allanando las bases colectivas de caminos diferentes, pero con un bien común. De poder convivir con las ideas (por absurdas que nos parezcan) de los otros; eso sí, siempre del lado del respeto y la legalidad. Estoy seguro de que cada uno de nosotros tiene un amigo que está en la otra orilla del pensamiento político y defiende sus argumentos con igual o mayor vehemencia que uno, pero recordemos que una de las máximas del control político es precisamente mantenernos divididos y no encontrar puntos comunes desde la discusión y el debate de altura.

Ánimo que ese país que siempre soñamos y que sabemos que está debajo de esa cobija sucia de la corrupción y la desigualdad, aún es posible. Su gente y la conciencia política, las riquezas y la voluntad de los jóvenes valientes (cansados, pero no agotados) son el mejor síntoma que he podido ver en toda mi vida. Es momento de enrutar ese deseo colectivo en liderazgos visibles y representativos que dirijan una agenda clara, y por sobre todo, tener una mayor conciencia política en el momento de elegir esos que deben representar nuestros derechos, deberes, anhelos y esperanzas.

*https://www.youtube.com/watch?v=zClfzZztsU4

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