28 mayo 2021

El dolor habla sin palabras

Hoy en día estamos atravesando momentos difíciles para la humanidad, nuestras ideologías y mecanismos de subsistencia ante la actual endemia causada por Covid 19, ha generado pánico en millares de personas que antes no cursaban con trastornos emocionales. La edad, el sexo, la identidad, el género o la misma cultura no ha sido impedimento para frenar el intenso dolor que acecha y afecta emocionalmente a las familias.

Cada persona con sus habilidades personales ha intentado desde la pasividad y otros desde la ansiedad, buscar los mecanismos para sobrevivir, algunos satisfactorios y otros en los que desafortunadamente hoy, solo existe el recuerdo y la tristeza que los detiene en el tiempo y también los lleva obligados a seguir adelante.

Aunque ha pasado más de un año, sería fácil pensar que deberíamos estar acostumbrados al tapabocas, protección
ocular, a la enfermedad, las muertes, los confinamientos y los cambios que por necesidad hemos tenido que asumir para continuar a salvo.

En este mismo afán de cuidar nuestra integridad física para lograr estar con vida, solo nos hemos preocupado por lo que vemos, mas no, por lo que sentimos. Y qué sucede con nuestros miedos, la desesperanza, la frustración, la incertidumbre y todas las emociones negativas de las que no hacemos atención porque solo armamos un plan que nos ayude a prevenir y minimizar los riesgos de contagio por Covid 19.

Sí, nos hemos olvidado de nosotros, de nuestras emociones, de divertirnos y consecuentemente de ser felices. Dejamos nuestras rutinas de vivir, solo para prevenir el contagio por Covid y, aunque esto era, es y por algún tiempo seguirá siendo necesario, hemos dejado de existir.

Nuestro cuerpo habla y cada día son más los casos de ansiedad, depresión, pánico, estrés negativo e insomnio que sufren miles de personas que han callado su dolor, obligándonos a ser fuertes porque esa es la mejor opción para seguir.

Hoy, posiblemente muchos sientan la dificultad de saber quiénes son y quienes serán en medio de una endemia que no solo les ha arrebatado la salud sino las posibilidades de una buena educación, empleo y una estabilidad económica para avanzar en sus proyectos de vida. Algunos se han frenado y otros en condiciones más difíciles; aún sin poder comenzar. Cada una de estas situaciones, se sufren, entristecen el alma y llevan más lejos los sueños de una familia con necesidades de seguir y luchar para alcanzar sus propósitos.

Nuestro cuerpo grita de dolor a través de las enfermedades mentales y los cambios emocionales de la humanidad, grita con lágrimas, con el dolor físico y el dolor emocional, ese que te hace doler el pecho, que no te deja respirar y te incita a gritar, correr y escapar de lo que no deseas vivir o temes sobrevendrá sobre ti.

Ya es hora de pensar en ti, aun existimos, tenemos una vida que seguramente seguirá con base al nuevo estilo de vida, pero que debe estar complementada con tus sueños, tus alegrías, tus placeres y sobre todo recargada constantemente de todo lo que identificas te hace feliz aun en medio de este aislamiento.

Invierte tiempo en lo agradable y satisfactorio para tu ser, agrégale a esta balanza lo bueno que aún puedes hacer por ti “fomenta la felicidad”, lo demás, pasa solo y seguramente no te hará feliz porque no va conforme a tus decisiones, sino, a las vicisitudes de la vida.

No calles lo que tu cuerpo grita y anímate en este camino de buenas cosas que seguramente podrás provocar para
contribuir a tu felicidad.

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