15 octubre 2021

El impacto emocional de la sobrecarga laboral

Durante mis últimos años trabajando con la Corporación Fasol, me he dado cuenta que la sobrecarga laboral es una situación que ha ido aumentando,

Durante mis últimos años trabajando con la Corporación Fasol, me he dado cuenta que la sobrecarga laboral es una situación que ha ido aumentando, la emergencia sanitaria Covid-19 ha posibilitado develar su frecuencia, las consecuencias tanto físicas como emocionales y el impacto que esto tiene en la calidad de vida de las personas que se encuentran inmersas en un ambiente donde el trabajo es excesivo y traspasa sus propios límites.

Se considera que la sobrecarga laboral es un tipo de violencia sutil, que está enmarcada o dentro de lo que es considerado acoso laboral; tiene que ver con la delegación de funciones adicionales, de forma excesiva, desproporcionada y constante. ¿Y porque se considera un tipo de acoso laboral? Porque se le pide al empleado cumplir con exigencias que, aunque puedan ser parte de sus funciones son excesivas con respecto al tiempo con el que cuentan para la realización de estas, lo cual conlleva un aumento considerable de los niveles de estrés, debido a la presión que se experimenta al sentir que tiene que cumplir con todas las funciones en el menor tiempo posible. 

El exceso de trabajo es considerado entonces, un riesgo psicosocial que afecta el bienestar, la salud mental y la calidad de vida. Y tiene como consecuencias físicas tensiones musculares, dolores de cabeza, problemas digestivos, problemas de sueño y consecuencias emocionales como angustia, depresión, ansiedad, inseguridad. Que pueden desembocar en otras condiciones de salud que pueden volverse crónicas.

Quien experimenta la presión de la sobrecarga laboral no solo desarrolla los síntomas anteriormente mencionados sino que desarrolla un profundo miedo con respecto al desempeño de sus labores, pues al no cumplir a tiempo con su trabajo, probablemente no recibe una retroalimentación positiva por parte de su superior, entonces comienza a creer que no es lo suficientemente bueno para realizar las actividades asignadas lo cual afecta la autoestima y la confianza en sí mismo, que lo afecta no solo a nivel laboral, sino que esto impacta las relaciones interpersonales con sus compañeros y con su familia.

¿Qué hacer si estoy siendo víctima de sobrecarga laboral?

Aunque estés siendo víctima del exceso de trabajo, lo primero que necesitas es comenzar a dejar de sentirte víctima, para hacerte responsable de lo que está en tus manos. Este paso puede marcar la diferencia en la forma en la que trabajas y en la que te percibe tu superior porque recuerda que no eres una máquina, eres un ser humano.

Una de las acciones fundamentales para responsabilizarte de lo que está en tus manos, es reconocer cuál es tu límite, y desde allí manifestarlo. Esto no solo se logra a través de las palabras, sino que por medio de las acciones también le mostramos al otro que puedes y que no puedes hacer.

Reflexiona sobre esto: si siempre cumples con todo, a costa de tu descanso, de tus espacios con la familia y de tu salud, el otro creerá que siempre puedes hacerlo y te cargará de más trabajo del que realmente puedes realizar. A veces el hecho de tener el valor de decir, “no puedo con esto, es mucho” es el mayor acto de valentía, de humildad, y de amor propio, porque estás siendo capaz de reconocer tus propios límites y desde ese lugar se lo haces saber al otro.

Gracias a todas las personas con las que he trabajado, sé que detrás de la sobrecarga laboral y la presión que existe por cumplir todas las exigencias, hay una sensación de miedo profundo que se esconde bajo una imagen de “responsabilidad” pero me atrevería a decir que la verdadera responsabilidad es hacernos cargo de lo que podemos, pues estamos dando lo mejor y haciendo lo que humanamente podemos. Esta responsabilidad también está presente cuando tomamos consciencia de nuestros límites, cuidamos de nosotros mismos y nos tomamos el tiempo de atender nuestras necesidades personales.

Se que el miedo a quedarnos sin empleo en este momento es tan fuerte que preferimos estar reventados, quemados, con ansiedad, depresión, fatiga e insomnio, pero te pregunto, ¿realmente vale la pena sacrificar la vida por el trabajo? Obviamente el trabajo es necesario para vivir, pero los trabajos van y vienen, la salud no. Recuerda que trabajamos para vivir, no vivimos para trabajar.

Así que el día de hoy te invito a reflexionar sobre la forma en la que quieres vivir y desde allí tomes la decisión de moverte del lugar en el que estás, eso no quiere decir que renuncies, pero sí que seas consciente de tus límites y te empieces a poner como prioridad a ti también, tómate el tiempo para descansar, para comer tranquilamente, para compartir tiempo de calidad con tu familia, y responde a tu trabajo dando siempre lo mejor de ti, pero sin traspasar tus propios límites.

Laura Molina Díaz

Psicóloga Regional Antioquia

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