Más allá de dar: ser Fasolidario

Esta es la tercera entrega de gestión de recursos y les agradezco por disponer sus ojos y tiempo para romper las distancias por medio de estas líneas.

En esta oportunidad, movida por el contexto nacional, las muchas nuevas víctimas y la necesidad de vernos unos a otros, más que hablar del quehacer diario del área, quiero compartir con ustedes un poco de mi experiencia como víctima destinataria de Fasol y ahora coordinadora de gestión de recursos. 

Comparto con ustedes este mensaje que hace algún tiempo leí:

“La perversa idea de solidaridad que nos han inculcado nos hace entender que ser solidario significa comprar dos paquetes de yerba y darle uno a quien no puede comprarla. Es necesario que la solidaridad se desvista de esa idea religiosa de caridad y vuelva a ser amor, discurso político, un hacer verdadero, un abogar por el derecho del otro a poder entrar al mercado y comprar su propia yerba en vez de esperar, un poco avergonzado, la que nos sobra a nosotros”

Después de recorrer estas letras dos o tres veces pensé que justo ahí radica la magia de Fasol. En devolver a la solidaridad el amor y el tinte político que requiere. ¿Cómo?, pues bueno, en octubre del 2006 mi padre Hugo Perafán Gómez, balístico del CTI en el departamento del Meta, fue asesinado por el cumplimiento de sus deberes, sin embargo, el asesinato se dio en casa, no en su entidad o en alguna misión laboral.

Desde la noche misma de los hechos hubo manifestaciones individuales de afecto, pésame y apoyo tanto emocional como logístico (si así se puede llamar) para no dejarnos solos a mi madre, hermano menor y a mí. Fue reconfortante para los tres, aunque a decir verdad, no lográbamos ver  ¿qué seguía? sin él, leyendo la cita anterior entiendo que éramos ese otro que “esperaba, un poco avergonzado, la yerba que los demás nos ofrecía”.

Días después Fasol llegó a nuestra casa en Villavicencio, dándonos a conocer la forma en que podría acompañarnos y la experiencia que muchos años y muchos casos como el nuestro, le daba para estar ahí con la certeza de ser útil y de “abogar por el derecho del otro a poder entrar al mercado y comprar su propia yerba”, sanando las heridas profundas desde el acompañamiento psicosocial, ubicando a cada víctima en un universo y un contexto social y político que permita entender los hechos más allá del acto violento, incorporando a cada individuo en un colectivo de lucha, capacitando y acompañando el proceso de empoderamiento y nuevo proyecto de vida individual y familiar, ofreciendo apoyo económico, emocional y logístico para no truncar sueños educativos o laborales por la pérdida sufrida, entre otras muchas acciones que no “entregan la yerba sobrante” sino que nos permiten “entrar al mercado a comprar la nuestra”.

Mi recorrido en Fasol es hasta hoy de 15 años, permitiéndome ver crecer a mi familia nuevamente, no perder a mi madre por el dolor de la muerte, ver sanar a mi hermano de su ira y rencor, forjarme como ciudadana activa en un país violentado de mil maneras, estudiar un pregrado, reconocer a las otras víctimas y sentir el profundo compromiso y amor para seguir abogando porque a nadie en el Poder Judicial Colombiano le falte una institución que reconstruye los cimientos necesarios para seguir siendo personas capaces y fuertes – en caso que sufra la misma suerte que todos los que somos destinatarios de Fasol-.

Por esta razón, asumí el reto de ser coordinadora de gestión de recursos y de acercarme a ustedes buscando su solidaridad individual, para traducirla en un músculo financiero colectivo y lograr así, que Fasol se mantenga en pie brindando acompañamiento integral a aquellos servidores, servidoras y sus familias que tristemente siguen engrosando la lista de víctimas 

No paro de decir gracias, gracias infinitas a cada uno y cada una de ustedes servidores y servidoras que han decido ser aportantes a Fasol – o Fasolidarios como los llamamos – para así, mantener viva la solidaridad amorosa, reparadora y constructiva que la Corporación promueve. 

De todo corazón, espero que experimenten Fasol por su interés en la independencia judicial y por las visitas regionales que la corporación realiza, más nunca por su programa integral de atención a víctimas. 

Un abrazo en la distancia, los extrañamos y esperamos que pronto esta nueva normalidad, nos permita acercarnos y de nuevo junto a ustedes llegar a los casi 3.000 Fasolidarios que hasta hoy mantienen en pie la causa Fasol.

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